En el primero de los posts de esta serie sobre el impacto de la transformación en el empleo hice referencia a una frase de Garry Kasparov.

Tenemos que empezar a reconocer la inevitabilidad de que las máquinas se encarguen de más y más tareas que solíamos hacer en el pasado. Se llama progreso”. Una frase pronunciada hace más de 20 años y que nos situaba en el centro de los dilemas que en materia de empleo estamos viviendo en estos mismos momentos.

Es posible que, a medio plazo, el proceso de transformación genere millones de nuevas ocupaciones y empleos en el mundo básicamente porque es probable que muchos de los empleos que están siendo sustituyendo por robots generen nuevas actividades (algunas incluso con la exigencia de mayor capacitación y valor añadido). Sin embargo el gran reto es como nos preparamos individual y colectivamente para afrontar una situación que (aunque el futuro sea el descrito) provocará, a corto plazo, la perdida de muchos puestos de trabajo. Una situación que llevará a muchos seres humanos a vivir en una situación de subempleo o desempleo permanente y que  puede llegar a producir efectos dramáticos si no somos capaces de minimizar sus efectos.

Isabel Aguilera en su libro “Lo que estaba por llegar ya está aquí” y cuya referencia bibliográfica encontraréis en http://www.esferalibros.com/libro/lo-que-estaba-por-llegar-ya-esta-aqui/ plantea que los conceptos de disrupción digital, Big data, inteligencia artificial, se han incorporado para quedarse en nuestra vida diaria y que -aunque no lo percibamos con toda su crudeza porqué finalmente los estamos viviendo- están contribuyendo a la transformación de todo: desde las relaciones personales y laborales, a las estructuras económicas. Una transformación, que por ejemplo, se llevará por delante lo que hoy entendemos por empleo, intimidad o privacidad.


Este cambio está ahí, delante de ´nuestras narices´.Un cambio que nos puede gustar o no, pero que pondrá en cuestión nuestros vidas, estructuras culturales y empleos.


Un cambio sobre el que no tenemos otras posibles respuestas que la de intentar frenarlo (con las consecuencias de todos conocidas) o gestionarlo, lo que supone prepararnos como personas, como organizaciones y como sociedad. La gran ventaja es que sabemos que va a ocurrir y que probablemente estamos más preparados que nunca. No afrontarlo no nos llevará a ninguna parte, tan sólo a dilatar el proceso con los costes en fractura social que puede conllevar.

Enrique Dans en https://www.enriquedans.com/2017/04/sobre-el-futuro-del-trabajo-en-el-pais.plantea que “cuando cambia el concepto de empleo o trabajo como elemento central de la identidad de las personas, cambia todo el modelo social”. Y esto no hará más que hacer inevitable la implantación de una Renta Mínima Universal. Una idea que expone en el post https://www.enriquedans.com/2017/04/sobre-hombres-y-robots.html “Todo indica que las ideas de Donald Trump, (relativas a) preservar a toda costa unos pocos trabajos en la extracción del carbón a cambio de la salud de todo el planeta, son profundamente absurdas y equivocadas. En su lugar, lo que parece imponerse es la idea de que determinados trabajos están mucho mejor siendo sustituidos, y que a los países les irá mucho mejor siguiendo un modelo en el que se centren en inversiones en infraestructura que permitan incorporar tecnologías como la internet de las cosas, el machine learning y la inteligencia artificial (con el objetivo de) mejorar el rendimiento de los trabajadores y mantener la competitividad”.


La tecnología va a eliminar muchos empleos pero sólo la tecnología será capaz de salvar los empleos del futuro.


Mar Vidal en https://www.marcvidal.net/blog/2018/1/19/las-claves-del-empleo-en-el-futuro-inmediato-dnde-cmo-quin-y-qu propone algunos de los escenarios con los que vamos a tener que vivir, de hecho algunos ya los estamos viviendo ya. Escenarios que nos liberan “cada vez más rápidamente de los hábitos de una era industrial pasada”. Un escenario laboral que muta irremediablemente para garantizar un futuro más productivo y equitativo y cuyas características podrían ser las siguientes: La primera la competencia entre empresa (¿y entre ciudades?) por el talento. La segunda la certeza de la aparición/creación de actividades/empleos hoy inexistentes. La tercera el hecho de que una parte muy relevante de los empleos del futuro serán de carácter independiente.

El problema es que cuando analizamos los escenarios del futuro nos dejamos llevar por la ciencia ficción. Esta “defiende un mundo donde las máquinas roban el empleo, y casi la capacidad de organizarse a los propios humanos. Sin embargo, esta no es una idea capaz de sujetarse en la historia y en los datos. De hecho, el mayor enemigo para la humanidad es la propia humanidad”. Un mensaje que Marc (con su firmeza habitual) finaliza de la forma siguiente: “No vas a perder tu trabajo en manos de una computadora inteligente, lo vas a perder, en todo caso en manos de un humano que maneje mejor una computadora que tú”. En este sentido os invito a leer el post publicado por Juan Carlos Barba en El Confidencial accesible en https://blogs.elconfidencial.com/economia/grafico-de-la-semana/2018-03-09/robots-paro_1532346/

Prosigue Marc “Estamos entre dos opciones. O vamos a un mundo con más empleo o nos dirigimos a un mundo sin empleo. Tengo la sensación que la escasez no será de puestos de trabajo, no, la escasez será de habilidades para cubrirlos. Esa es la clave. La formación necesaria, dejar de ver la máquina como una agresión para empezar a contemplarla como una colaboradora. Sino se plantea en ese sentido, el desastre podría ser monumental y ni la renta básica ni meriendas parecidas lo podrá amortiguar”. No obstante hay quien opina que los procesos de transformación no tendrán un impacto relevante en el empleo hasta como mínimo el 2030. Una afirmación que se formula en en el informe de PWC accesible en http://ideas.pwc.es/archivos/20180316/se-busca-talento-para-lanzar-la-inteligencia-artificial-en-espana

En todo caso debemos repensar el empleo y por descontado los procesos formativos inherentes a él y ello nos obliga, definitivamente, a entender que el objetivo último de la educación no es otro que el desarrollo de la empleabilidad. Y en este sentido os recomiendo la lectura del informe de McKinsey accesible https://www.mckinsey.com/global-themes/future-of-organizations-and-work/what-can-history-teach-us-about-technology-and-jobs al que me referiré extensamente en un próximo post.

 

Por Pau Hortal