Creo que ya todos somos conscientes que la tecnología va a impactar en todos los ámbitos con los que tenemos comprometidos nuestro futuro.

Y que, sólo gracias a la tecnología seremos capaces de finalmente superar los retos que hoy tiene la humanidad; porque una vuelta al pasado no es posible. Recordemos que, como ha ocurrido en otros momentos de la evolución humana la innovación ha de superar tres frenos: aceptación social, regulación preexistente y la presión de los lobbys. 

Es la lucha de lo viejo contra lo nuevo, el permanente interés por mediatizar y controlar todo posible vector de cambio

En ello nos jugamos los modelos de futuro tanto en los ámbitos estructurales como, políticos, económicos y organizativos.

Los que alguna vez, hace muchos años, pensamos que los efectos y las implicaciones de algo como la tecnología podrían llegar a esos extremos hoy ya no nos frotamos los ojos al verlo, pero nos preocupamos al ver lo fuertes que son las resistencias y hasta qué punto alimentan el escepticismo.

Reflexiones que se formula Enrique Dans en su blog. Una vez más tengo que felicitarle por la claridad de sus mensajes.

La tecnología tiene necesariamente que jugar un papel importante en el que sin duda es el mayor desafío que la especie humana ha tenido desde que nos pusimos sobre dos patas (nos convertimos en humanos). Sinceramente, y desde lo más personal, creo que esto no es una llamada al pesimismo, sino una oportunidad para la innovación, para enfocarse no en la sostenibilidad de los negocios ni de las compañías, sino en la del maldito planeta, y que cuantos más lo entendamos así y empecemos a exigir cambios, será mejor para todos,

Hoy (febrero del 2019), sabemos que necesitamos la tecnología para afrontar todos los problemas y realidades que afectan al ser humano: desde el calentamiento global, los fenómenos migratorios, los cambios en el modelo laboral o el alargamiento de la vida. 

Klaus Schwab, fundador y chairman del World Economic Forum, acaba de afirmar en la edición de este año del Foro, que los desafíos asociados con una llamada “Cuarta revolución Industrial” (la que estamos viviendo) coinciden con el rápido surgimiento de las restricciones ecológicas (como respuesta a un proceso de calentamiento global que parece imparable), la consolidación de un orden político cada vez más más centrado en los intereses particulares y el populismo, y la desigualdad económica que no hace más que consolidarse y reforzarse. Estos elementos, están marcando el comienzo de una nueva era de globalización que será, en cualquier caso, distinta a la que hemos vivido hasta hoy. Y, evidentemente, no sabemos si esta nueva era será un paso atrás o adelante en el devenir del ser humano.

Como he señalado recientemente en el post 2019 ¡el futuro está aquí! podemos incluso tener la sensación de que “2018 ha sido un año en el que casi todos los grandes problemas que tenemos por delante no sólo se han resuelto sino que incluso se han agravado. Un año en el que (podemos tener la percepción incluso) de que como especie damos más pasos hacia atrás que hacia adelante (y por ello tengo que) reconoceros mi preocupación por el hecho de que no percibo que estemos todos trabajando en la dirección adecuada para promover los cambios estructurales que necesitamos tanto desde un punto de vista social, cultural y económico.” Al contrario, parece que incluso usamos la tecnología para ayudarnos a dar pasos para atrás.

Esta visión (que reconozco puede ser calificada de pesimista) no deja de reflejar la realidad que estamos viviendo. Lo que pretendo es mostrar que vamos en dos direcciones diferentes. Mientras parece que el mundo “real” sigue avanzando y enfrentándose a las nuevas realidades el mundo “político” sigue dedicado a otras cosas, negando la realidad y sus consecuencias o simplemente sin afrontarla. Falta liderazgo positivo y no empeño en poner frenos y no afrontar con realismo, pero también con perspectiva de futuro, los retos que tenemos por delante.

Estoy convencido de que vivimos en un momento de TRANSFORMACION RADICAL y que, (a pesar de los frenos de todo tipo), gracias a la tecnología seremos capaces de afrontar y resolver los retos con los que nos enfrentamos.

Una transformación que, en todo caso, exige una mirada diferente por parte de todos, cambios culturales y una postura ética fundamentalmente en los que tienen la capacidad y la obligación de dirigir el proceso. La tecnología y la innovación que necesitamos está ya desarrollada y disponible (o lo estará en un plazo de tiempo cercano). Seamos conscientes de que, si no está adoptándose a la velocidad adecuada, es simplemente por la voluntad (explicita e implícita) de muchos gobiernos y organizaciones de todo tipo (públicas y privadas) de retrasar su implantación. Frente a ellos, sin embargo, empiezan a surgir por doquier llamadas y requerimientos, generados por personas y/u organizaciones de todo tipo, que planteen, en cada uno de sus ámbitos, propuestas de cambio que permitan estrategias más sostenibles, eficientes y que, en muchos casos, supongan incluso ventajas competitivas.

Unas estrategias que como país, como organización y como personas deben de confrontarse con los principios éticos. Un aspecto al que me he referido en el post “Transformación: Tecnología y control social” señalando que “hemos de ser conscientes de que éste es uno de los grandes debates que tenemos hoy en el mundo. Un debate que entronca con el concepto de democracia y el uso/abuso del ejercicio del poder”. 

Un debate que tenemos encima de la mesa como consecuencia de las acciones realizadas por el Presidente Trump en EEUU, y entre otros el modelo desarrollado en China. Un modelo que muestra que la censura y el control social, gracias a la tecnología, puede convertirse en un modelo diferencial que se fundamenta en un supuesto derecho de soberanía. En definitiva nos enfrentamos a políticos que perciben en los principios democráticos frenos y amenazas al desarrollo, que tienden a encerrarse en sí mismos y que no tienen una mirada global. Por ello “existe el riesgo de que se utilice la fuerza y la potencia de la tecnología para ejercer un control social que choca claramente contra los principios de transparencia, derecho a la información y libertad de expresión inherentes al concepto de democracia (y que) probablemente llevará a un modelo basado en la restricción de las libertades individuales completamente incompatibles con los derechos humanos o con un mínimo umbral de calidad democrática”

¿De qué estamos hablando? El propio Enrique intenta responderse a esta pregunta y enfocar este conjunto de problemas en El problema no es internet: es otra cosa mucho más preocupante formulando sus hipótesis en los términos siguientes:

“¿Estamos hablando de un problema de Internet? No, hablamos de un problema de la naturaleza humana”. Un problema que afecta “tanto al control político como a nuevas formas de delincuencia que emergen como consecuencia de la ausencia de regulación en determinados entornos. Porque, no lo olvidemos, la regulación y el control no son incompatibles con el concepto de transparencia, cuando nos enfrentamos a un problema y a unas necesidades globales que no entienden de fronteras (…)”.

Y ello ocurre porque “cuando un individuo (un estado o una organización) malintencionado encuentra una manera de aprovecharse de una plataforma determinada, la mayor parte de la sociedad ni siquiera es capaz aún de entender qué es lo que está haciendo”.

En este punto del análisis es conveniente recordar los planteamientos formulados por Andrew Haldane en su speech en el sentido de que, a semejanza de lo ocurrido en otros momentos de revolución o cambio social, la innovación tecnológica precisará, para asegurar su propia consolidación, de la presencia de nuevos mecanismos e Instituciones que permitan gestionar y mitigar los impactos sociales, algunos de ellos perversos, que va a provocar. Unos argumentos que finaliza con la frase:

En el futuro, la innovación institucional será tan importante como la innovación tecnológica

No sé si es posible formularlo como predicción o como certeza, pero aquí queda dicho.

En el post citado “Transformación: tecnología y control social” me formulaba las preguntas siguientes:

“¿Debemos preocuparnos por lo que puede ocurrir? ¿Cómo podemos reaccionar cuando no existe un control (del ejercicio o abuso de éste)? y ¿Cómo debemos de responder cuando éste tiene un carácter institucional impulsado por una determinada estructura o clase política que ostenta el poder?”

Son cuestiones que deberían estar encima de la mesa del debate social y político si queremos reducir el riesgo de que estas instituciones (que sin duda habrá que crear) estén controladas de forma no transparente ni democrática. Debemos evitar que el control sea ejercido por determinadas personas (o grupos) con objetivos más o menos interesados (o por) unos sistemas de algoritmos más o menos desarrollados y entrenados para ejercer simplemente esta función.

Lo que supone estar vigilantes socialmente mientras que tomamos conciencia de que no es lo mismo digitalizarse que transformarse, tanto desde el punto de vista social como organizativo e individual. 

Creo que todos tenemos en la mente escenarios cinematográficos sobre el futuro que evidentemente no deseamos. Por ello la conclusión no puede ser otra que la de que hemos de ser capaces de gestionar la TRANSFORMACION RADICAL desde una perspectiva ética, transparente y democrática. Ello debe de ser así, dado que, en el supuesto contrario, existe una elevada probabilidad de que nos dirijamos a un mundo en el muchos no desearíamos vivir.

Pau Hortal