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Soy fiel seguidor del programa de TV “Pesadilla en la cocina”. Me atrae lo que tiene de espeluznante en lo referente a la ineptitud de sus protagonistas en la gestión del negocio, en las relaciones humanas y en la construcción de ilusiones.

Hay una serie de mantras que se repiten en todos los programas: nula experiencia, desorganización, ausencia de liderazgo, esfuerzo insuficiente y baja orientación al cliente.

En España hay unos 260.000 bares, más que en todo EE. UU. Tenemos uno por cada 175 habitantes, más o menos una urbanización de tamaño mediano.

Si salimos a la calle a preguntar por qué hay tantos bares, la respuesta más repetida tendrá que ver con las alabanzas de nuestra orografía, climatología y sociología. Somos latinos, de naturaleza gregaria que vivimos en un país especialmente soleado, lo que invita a salir a la calle y la diversidad cultural enriquece la oferta disponible. Otro mantra acuñado por los portavoces del Ministerio de Turismo allá por los oscuros 60 del siglo pasado.

Lo cierto es que España es un país de poco oficio, asiduo a la formación generalista, muy teórica y alejada de los requerimientos del mundo laboral. La formación profesional, tan necesaria, sigue siendo poco valorada por lo que tiene de estigma, y se prefiere el abandono escolar (22% de media) al trasvase temprano a la oferta educativa de un oficio.

Al ciudadano que se arroja al incierto y mal amparado mundo del emprendimiento habría que hacerle un homenaje diario por su gallardía, pero recriminarle su elección si se trata de montar un bar o un restaurante. Y es que, esa falta de oficio, lleva a tantas personas a apostar por la hostelería, con la única experiencia de haber llevado la cocina de su casa y la falsa expectativa de convertirse en un empresario que solo debe poner la mano a final de mes entre torneo y torneo de golf.

Alberto Chicote lo dice una y otra vez, montar un bar es muy, muy, sacrificado, te deja sin vida fuera del local y sobre todo, un suicidio si se acomete sin experiencia y solo con buena voluntad.

Reivindiquemos una educación de oficios y que el que ponga un negocio tenga algo más que ofrecer que un plato de croquetas recién descongeladas.

Autor: Antonio Pamos. Facthum