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El popular timo de la estampita tenía un componente aleccionador, de justicia, en el propio engaño. Un individuo con aparente retraso mental, el timador, tiene un número importante de billetes, estampitas, que son objeto de deseo del timado. Este último, se las quiere quedar a cambio de ofrecer menos de lo que valen al pobre retrasado, y en el trueque el timado pierde su dinero.

En los engaños no siempre hay un filibustero, a veces todos son de alguna manera responsables de lo que ocurre.

El acceso universal, inmediato y gratuito a las redes sociales, ha creado un campo abonado de periodistas accidentales que hacen circular noticias de toda índole, sin mayor filtro que el que quiera imponer el lector. De esta forma, resulta habitual acceder a menudo a informaciones claramente falsas, o por lo menos dudosas, de fuentes no menos inciertas.

Algunos ejemplos de noticias descabelladas que han tenido su Hall of Fame en Internet son las siguientes:

  • Ciudadanos quieres recuperar la Mili para los ninis.
  • Podemos quiere prohibir las procesiones de Semana Santa.
  • Rumanos y ecuatorianos gastan 7 de cada 10 euros sanitarias.
  • El Corte Ingles provee de uniformes militares al Estado Islámico.
  • El PP bloqueará el acceso de los obreros a la universidad.
  • El arzobispo de Toledo recuerda que zurdos y pelirrojos son hijos de Satán.

Estos son solo algunos ejemplos de informaciones difundidas por miles y miles de personas que las dan como buenas. Luego están las otras, las que carecen de ideología: los perritos que van a ser sacrificados, el inminente atentado en un centro comercial, o los cientos de miles de políticos que viven a la sopa boba.

Hay mentiras que son realmente sutiles y que es muy difícil sospechar de ellas, pero la gran mayoría, con la aplicación de un poco de sentido común, saldrían derrotadas, y no es así.

Detrás de esa nefasta credulidad, no hay necesariamente gente con menos nivel cultural, no es un asunto de estudios, es un tema de aplicación del sentido crítico, de renunciar a ser autómatas que consumimos información de manera pasiva, y esa actitud no entiende de universidades.

Si somos conscientes de que España es un país eminentemente envejecido y que contamos con un 10% de inmigrantes que son generalmente jóvenes, con menos necesidad de atención médica, sólo con esas dos premisas, es muy fácil desmontar que esas nacionalidades gasten el 70% del presupuesto sanitario.

Pero al final, cuando estamos ideológicamente posicionados, nos interesa pensar que eso es cierto, aunque conculque cualquier base de sensatez que tengamos, y con un simple reenviar pasamos a ser parte activa de la infamia.

Por eso, empezaba este texto diciendo que en los engaños hay dos responsables, el que miente con dolo y el mentido, por idiota.

Autor: Antonio Pamos. Facthum