En el anterior Assessment Corner se describieron las características de los test normativos, principales representantes de los test de rendimiento típico. No obstante, los test normativos eran susceptibles de verse sesgados por la deseabilidad social, especialmente presente en el contexto laboral.

Con el objetivo de reducir este sesgo fueron diseñados los test de elección forzosa o ipsativos. En estos test, en lugar de valorarse cada enunciado de forma independiente, el participante debe realizar un juicio comparativo entre varios enunciados a la vez. Los test ipsativos están formados por bloques de dos o más enunciados, midiendo cada uno de ellos un rasgo diferente e igualados en cuanto a su “deseabilidad”. Por ejemplo:

  1. Tengo facilidad para liderar a los demás
  2. Me siento cómodo en situaciones novedosas
  3. Resuelvo adecuadamente los problemas complejos

Lo habitual es pedir al evaluado que ordene los enunciados en función del grado en el que definen su comportamiento o preferencias. En otras ocasiones, el evaluado tiene que elegir únicamente el enunciado que mejor le describe y el que peor lo hace.

En estos test, la suma total de las puntuaciones es constante a lo largo de todos los individuos, lo que impide que una persona pueda puntuar alto (o bajo) en todos los rasgos al mismo tiempo. Consecuentemente, los test ipsativos no ofrecen información absoluta (normativa) sobre la cantidad de rasgo de las personas, sino sobre la predominancia de unos rasgos sobre otros en un individuo particular. Por este motivo, carece de sentido realizar comparaciones entre distintas personas, siendo esta su principal desventaja. Actualmente, investigadores como Brown y Maydeu-Olivares (2013) trabajan en el desarrollo de modelos matemáticos con los que poder solventar este inconveniente.